Telones celestiales
blandían una mañana iluminada, rayos de luz dorada atravesaban aquel cielo en
tanto acariciaban nuestras vidas expuestas a la mar, orilla rocosa, brisa
satinada, mentes ávidas, ideas cómplices… ecuación perfecta mientras nos
exploramos con las miradas…
Y es que del sueño
a la realidad llegamos en un solo paso, de la oscuridad a la luz me transformo
en algún ser que purga su alma castigada
y se regocija en espíritu al tenerte a mi lado.
Ya con la vista hacia
el horizonte no diviso objeto alguno, pero mi experiencia lo presiente… la
tempestad y la calma nacen en el recorrido al que me siento invitado, y a pesar
de que pertenecemos a sendas muy distintas, hoy estas a mi lado, soñando en
conquistar el cielo como algún día yo lo hiciera.
Pasan los minutos y
mi rostro se enrojece, esta vez no es de emoción alguna, el astro deja huellas
en la piel, y aún seguimos juntos, expectantes, como si buscáramos una buena
excusa para escapar del silencio…
¿Es acaso esto una
analogía de algún futuro en común?, te preguntas, mientras una sonrisa invade
mi rostro.
Mi voz se ahoga en
un intento fallido de respuesta, mis sueños se agitan, mi imaginación se
dispara, de repente volteo a verte fijamente. El asombro me pone en evidencia, mientras
intentas ocultar tus emociones detrás de conversaciones triviales.
Tan diferentes el uno
del otro, te haces presente en mis letras para inscribirte en mi destino, y que
a pesar de pertenecer a generaciones muy distintas, aquella mañana en que nuestros
senderos coincidieron para sellarse con un punto de final y uno de partida en
nuestras vidas, alegres, ingenuos, absortos y seguros de haber dejado en el
aire un perdurable aroma de café, tabaco e ilusiones.
“La magia yace donde tus ojos no ven y donde tus manos no
sienten, esta entre líneas, en el viento q nos divide, en los pasos que
dibujamos, en el horizonte que nos aguarda”.

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