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domingo, 27 de octubre de 2013

Café, Tabaco e ilusiones



Telones celestiales blandían una mañana iluminada, rayos de luz dorada atravesaban aquel cielo en tanto acariciaban nuestras vidas expuestas a la mar, orilla rocosa, brisa satinada, mentes ávidas, ideas cómplices… ecuación perfecta mientras nos exploramos con las miradas…

Y es que del sueño a la realidad llegamos en un solo paso, de la oscuridad a la luz me transformo en  algún ser que purga su alma castigada y se regocija en espíritu al tenerte a mi lado.

Ya con la vista hacia el horizonte no diviso objeto alguno, pero mi experiencia lo presiente… la tempestad y la calma nacen en el recorrido al que me siento invitado, y a pesar de que pertenecemos a sendas muy distintas, hoy estas a mi lado, soñando en conquistar el cielo como algún día yo lo hiciera.

Pasan los minutos y mi rostro se enrojece, esta vez no es de emoción alguna, el astro deja huellas en la piel, y aún seguimos juntos, expectantes, como si buscáramos una buena excusa para escapar del silencio…

¿Es acaso esto una analogía de algún futuro en común?, te preguntas, mientras una sonrisa invade mi rostro.
Mi voz se ahoga en un intento fallido de respuesta, mis sueños se agitan, mi imaginación se dispara, de repente volteo a verte fijamente. El asombro me pone en evidencia, mientras intentas ocultar tus emociones detrás de conversaciones triviales.

Tan diferentes el uno del otro, te haces presente en mis letras para inscribirte en mi destino, y que a pesar de pertenecer a generaciones muy distintas, aquella mañana en que nuestros senderos coincidieron para sellarse con un punto de final y uno de partida en nuestras vidas, alegres, ingenuos, absortos y seguros de haber dejado en el aire un perdurable aroma de café, tabaco e ilusiones.

“La magia yace donde tus ojos no ven y donde tus manos no sienten, esta entre líneas, en el viento q nos divide, en los pasos que dibujamos, en el horizonte que nos aguarda”.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Transición



Resguardado en el cálido nido de un hogar de generaciones honestas y hacendosas, logré descansar mis pulmones ardorosos, ojos enrojecidos, cuerpo famélico y rostro castigado. Mi nombre sumergido en inmundicia era lentamente acendrado con los cantos de los árboles que me fecundaron, dispuestos y aferrados a no dejar caer sus retoños resquebrajados. La marea de la vida arrastro mi alma hasta la orilla de una playa y manteniéndome a salvo con bocanadas de viento arenado y sorbos de salmuera, exhalé cansancio y dolor en pleno atardecer de mis años.
 
Sé que volveré a nacer en un intento, mas no en un instante; volveré a respirar el viento sin más lamentos y a esparcir mi palabra sin esperar cosechas de luna llena, correré hasta el cansancio mientras el tiempo se encarga de derretir mis piernas, y mi apesadumbrado cuerpo se desvanezca en la mitad del último paso en un intento de alcanzar perpetuidad.

Hasta entonces he de vivir compartiendo mis pensamientos en un universo de cuerpos y materia, ilusionado y disfrazado detrás de una sonrisa hipócrita que únicamente la soledad absoluta la logra desvanecer.